Alemania, 1982.
Al fallecer mi abuelo a la edad de 82 años, no sabía por qué sería yo (el más pequeño de los nietos) en heredar su residencia fuera de la ciudad más su colección de libros. Una biblioteca con libros con fechas desde 1600 y una residencia de más de par de caballerías. El dolor que mi grandísimo abuelo, Maximiliano se hubiese ido me hacia indagar más en los libros que un día con tanto esmero me enseñó a cuidar y sobre todo, a poder admirar el poder de la soledad. Existía una razón, (rara por cierto) de porqué era yo el único de los nietos que lo visitaba.
Lo único que dejó, a forma de comunicación fue una carta. Una carta, donde explicaba por qué a mí me heredaba dichos valores materiales (razones que en este relato no vienen a cuento)
Explicaba en ella que, justo en la habitación de al lado de la suya, en su oficina (Oficina donde realmente nunca supe qué era lo mucho que hacía) encontraría algún sentido claro a mi vida. Que tanto así como el fue, capaz de cambiar la historia era mi turno.
Al llegar a la residencia, vacía de presencia humana; empecé admirar el silencio como nunca antes lo había hecho. Glorioso, nada podría describirlo; al llegar a la famosa oficina, note que llave no había. Gracioso anciano, nunca me dejó nada fácil, jamás siempre hizo que exigiera mi cabeza.
Me fui por lo bruto y fácil, tumbe la puerta luego de muchas arremetidas en contra de ella. El olor ha guardado, el inconfundible aroma a abuelo, me eclipsaba. El whisky se mantenía como siempre, el olor a libro viejo y sobre todo a puro, me hizo recordar que siempre como el quise vivir.
En aquel viejo escritorio de madera tenía un cuaderno con una infinidad de apuntes, al sentarme en la silla del mismo escritorio; note que, frente al escritorio a los lados del bar había dos puertas. Jamás las había notado, nunca.
No le di importancia y empecé a leer tan curioso cuaderno. Una vez más, mis ojos quedaron atónitos; esas dos puertas según (lo creyese en ese momento o no) el cuaderno gracias al bar, que parecía estar incrustado a la pared no era, nada lo que parecía ser.
El cuaderno, con voz grave como la de Maximiliano, ese anciano tan sabio como el tiempo, me explicaba teorías sobre los dichosos agujeros negros o bien, agujero de gusano. Nada tenía sentido, ni siquiera la caja de metal que según el dichoso cuaderno contenía materia extraña; suma de quarks que mi cabeza fascinada por las ciencias sociales, hasta el día de hoy había escuchado tremenda aberración física.
Al terminar de leer la ultima pagina decía; “Es tu turno de cambiar la historia sin cambiar el mundo y su historia, los efectos deben ser pequeños pero para ti, magnánimos; una vez alcanzado tu objetivo sabrás como regresar, no lo dudes. Mi más preciado regalo para ti, es cambiar un trozo de la historia a tu antojo. Te quiere, tu abuelo; Maximiliano”
Comprendí de forma implícita lo que estaba a punto de suceder. En el bar había una barra con cuatro dígitos, no lo dude en ningún momento y marque; “1893”.
Abrí la puerta derecha al lado de la “materia extraña”, el resplandor fue penetrante en mi cuerpo. Me vi al instante, saliendo por la otra puerta. Un tipo de canas blancas fumaba en la silla donde hace segundos estaba sentado. En un español confuso me dijo, “Haz lo que te propones hacer, vuelve a tu tiempo y se feliz.”
Salí del cuarto, sabiendo mi misión. Al instante supe, que la persona con la que hable había sido (¿o es?) mi bisabuelo.
Busque en Berlín, el hogar de la valquiria del mal, de la asesina de genios, vampiresa de la sabiduría. Mi alemán, no era el mejor. Indumentaria dentro de la casa que en años, seria mía había mucha ropa para poder parecer de la época. Al salir de la casa (en ese tiempo mansión) un carruaje esperaba, se le había dado órdenes al cochero de llevarme, durante el tiempo que así quisiera donde me placiera.
Nunca, un había de aproximadamente 100 kilómetros, había durado más de un día. Gracias a mis lecturas asiduas de la literatura alemana/prusiana/austriaca sabia a donde ir, el cochero asintió en mi pésimo alemán a donde ir.
Al llegar a la calle, donde mi corazón palpitaba de forma increíble. Durante medio día esperamos, hasta que por una esquina la vi pasar. Como la imagine, como la logre un día “ver” en sus escritos. Cabello rubio, piel tan blanca como la leche.
¡Tan miserable que no debía respirar un momento más!
La mujer, entró a su recinto. De manera, espere unos minutos. Baje del coche, intentando disimular el hecho, que mi fenotipo no era ni de lejos proto prusiano. Forcé de forma seca la puerta, de modo que de un golpe la abrí. “Milagro que alarmas en estos tiempos no existan”, pensé.
Subí por las gradas, debo decir que mi instinto animal me guio por una casa que había leído más nunca visitado. Avance por un corredor de cinco metros, al llegar a la última puerta, de forma sigilosa me aventure a entrar. “Está en el baño” me dije en mi cabeza.
La vi desnuda a punto de entrar a la tina, por un momento comprendí que tan tremenda belleza sintiese atrofia sexual, sin deseo por la carne y la potencia que tenia sobre los hombres, mentes brillantes del siglo XIX.
No sentí cuando ni como ocurrió, simplemente con los brazos frente a mi me abalance hacia ella, fue la única vez que vi en los ojos el miedo humano. Al tomarla por el cuello, ella resbaló, cayó dentro de la tina; no sin antes con la cabeza golpear en uno de los bordes. El golpe, no fue mortal, puesto que todavía tuve tiempo de saborear la victoria en mis manos y como la sangre se diluía en el agua, la vergüenza que un día sus manos tuvieron el descaro de relatar moría en mis manos.
Sus ojos, en ningún momento dejaron de verme. Mi ira, crecía y crecía, la sangre en mi boca la sentía; la venganza de un acto que ni siquiera salía a la luz, estaba consumada ya. La tez rusa blanca, pasó a ser un color como la mora. Saque mis manos de la tina, con la misma agua ensangrentada empape mi cabello, me vi en el espejo y salí a tiempo, a tiempo de ver como Rae entraba en su casa.
Llegué a la mansión al día siguiente, no busque siquiera me quise despedir de la sangre más añeja que tenía relación conmigo. Abrí la puerta, enumere los dígitos y me marché.
Al salir, (o entrar) por la puerta de la misma oficina en el año de 1982, me dirigí hacia la estantería donde estaba ese maldito libro.
El libro donde Lou Andreas-Salomé tuvo un día el valor, o descaro de analizar al mismísimo Dionisio, a Zoroastro al hombre bastardo de su tiempo, a mi Fritz, mi maestro y de la humanidad entera.
No estaba, busqué la biografía de Salomé y no; el libro jamás fue editado. Es más, la casa donde un tiempo vivió con Paul Rae había sido quemada por el mismísimo Rae.
Con una sonrisa, me senté. Por primera vez tomé un puro y pensé; “¿Como una persona pudo haber asesinado sin siquiera, haber nacido? Simplemente en la atrofia sexual que Salomé le generaba a Rae, un día cansado decidió quitarse la vida con ella dentro. Fritz, nunca se enteró; hundido en si mismo estaba ya. Al final, su pensamiento y vida; jamás habría sido comentado en un libro de un ser tan insignificante.”
sábado, 9 de julio de 2011
domingo, 3 de julio de 2011
Dejando el querer, dejando pasar
Aunque el deseo una cosa dicte, aunque la cabeza por momentos se nuble. Al final la cordura acompañada de resignación aparece; llega la hora de decir; “No va más, aquí te quedas y yo me voy”.
En una niñez precoz, supiste la hora de decir adiós.
Te dolió, un golpe que después de los tiempos, persiste.
La droga aparece de un modo adormecedor.
Ese éxtasis comprendes que, es mejor no probarla más.
El recambio de lo perfecto arde de deseo en tu ser.
Te das cuenta que algo tan sucio llega a ser nocivo.
La dulzura de una comodidad sin pasión te entretiene.
Una vez más comprendes que, nada haces ahí.
Y por último, la locura te estremece la cabeza.
La debes dejar ir, pues libre quieres ser.
Al final, amigo; te das cuenta que escapar frente a un altar no es de cobardes. Es de sabios observar desde la montaña la destrucción y el horror de la intimidad. Al final, debes ser honesto, tomar lo que quieras; cuando sientas que te quieres quedar. Huye y nunca mires atrás. Debes dejar el querer, debes dejarlas pasar, huye y no mires atrás.
En una niñez precoz, supiste la hora de decir adiós.
Te dolió, un golpe que después de los tiempos, persiste.
La droga aparece de un modo adormecedor.
Ese éxtasis comprendes que, es mejor no probarla más.
El recambio de lo perfecto arde de deseo en tu ser.
Te das cuenta que algo tan sucio llega a ser nocivo.
La dulzura de una comodidad sin pasión te entretiene.
Una vez más comprendes que, nada haces ahí.
Y por último, la locura te estremece la cabeza.
La debes dejar ir, pues libre quieres ser.
Al final, amigo; te das cuenta que escapar frente a un altar no es de cobardes. Es de sabios observar desde la montaña la destrucción y el horror de la intimidad. Al final, debes ser honesto, tomar lo que quieras; cuando sientas que te quieres quedar. Huye y nunca mires atrás. Debes dejar el querer, debes dejarlas pasar, huye y no mires atrás.
sábado, 2 de julio de 2011
Tiempos Gramaticales
Sé que estas dentro de mí; más aun es de genio reconocer que algún día te voy a perder. No puedes quedarte conmigo, el miedo se impregna en mí y es hora de decirte adiós.
De forma absoluta sé que no eres tú.
De forma relativa me puedes tener.
De forma absoluta quiero que te largues.
De forma relativa hoy te pido, quédate.
El tiempo gramatical hace una vez más su jugada y mi cabeza queda muy dañada.
Los celos se adentran en el tiempo relativo de la gramática.
Los celos relativos por su intensidad parecen ser absolutos.
La cuarta dimensión queda supeditada a los sentimientos.
Hoy me di cuenta que el tiempo se puede detener, hoy de forma absoluta no te quiero perder.
Hoy son las palabras las que me mandan.
Hoy se que la gramática cambia el deseo.
La vida se marca por los tiempos.
Mi tiempo hoy, es relativo.
Relativa felicidad.
Por ende, el tiempo es eterno en lo relativo. Hoy de forma absoluta no te tengo, hoy absolutamente soy feliz.
De forma absoluta sé que no eres tú.
De forma relativa me puedes tener.
De forma absoluta quiero que te largues.
De forma relativa hoy te pido, quédate.
El tiempo gramatical hace una vez más su jugada y mi cabeza queda muy dañada.
Los celos se adentran en el tiempo relativo de la gramática.
Los celos relativos por su intensidad parecen ser absolutos.
La cuarta dimensión queda supeditada a los sentimientos.
Hoy me di cuenta que el tiempo se puede detener, hoy de forma absoluta no te quiero perder.
Hoy son las palabras las que me mandan.
Hoy se que la gramática cambia el deseo.
La vida se marca por los tiempos.
Mi tiempo hoy, es relativo.
Relativa felicidad.
Por ende, el tiempo es eterno en lo relativo. Hoy de forma absoluta no te tengo, hoy absolutamente soy feliz.
viernes, 1 de julio de 2011
Reina del Juego
Una vez más, una para mí. Todas para el mundo. Ninguna para tu realidad; has vuelto a ganar, sin “nada” te has vuelto a quedar.
Jugaste a lo que siempre sueles interpretar.
La mentira no olvidas nunca.
Parte de tu papel impregnado es ya.
Te felicito por vivir el número.
Como buen ilusionista.
Vives el acto, juegas a jugar.
Nacida para engañar.
Vestida para la traición.
No permites un simple aroma.
Debes tenerlo todo, sin algún día; saber que tuviste algo.
Bien jugado, ojos mentirosos.
Bien hecho, ojos sin naturaleza.
Lograste tu cometido, con todo y sin nada te vas a quedar.
Jugaste a lo que siempre sueles interpretar.
La mentira no olvidas nunca.
Parte de tu papel impregnado es ya.
Te felicito por vivir el número.
Como buen ilusionista.
Vives el acto, juegas a jugar.
Nacida para engañar.
Vestida para la traición.
No permites un simple aroma.
Debes tenerlo todo, sin algún día; saber que tuviste algo.
Bien jugado, ojos mentirosos.
Bien hecho, ojos sin naturaleza.
Lograste tu cometido, con todo y sin nada te vas a quedar.
Trochilinae del vuelo y el adiós
Pequeña ave que solo busca el néctar, llega sin preguntar; se va al vaciar lo sustancioso del alma. ¡Sigue pues que tu adiós conmigo ha llegado ya!
De una forma intencionalmente intencionada se llega a caer.
Sin darse cuenta el néctar se llega a regalar.
El vuelo tan encantador, adormecedor es su seducción.
Un ave tan pequeña, tan mentirosamente honesta.
La idea de que es incapaz de dañar.
A pesar que la lección sobre animales heridos a sido explicada ya.
De la misma forma, una vez y otra.
Negará el hecho de haber tomado su jugo.
De haber tomado el alma.
De desconcertar la cabeza.
Una vez más ha salido victoriosa en el mano a mano.
Pareciera que, la reputación sin cuidado le tiene.
Toma el alma, destruye la cabeza y crea intimidad.
Un sentido de pertenencia la convierte en Valquiria.
Honesta cómo falsa, belleza horrible que espanta.
Experiencia en su vuelo, experta en decir adiós.
Querida y pequeña ave, tu ganaste.
Ganaste pero a mi jardín no puedes visitar.
Una vez más lograste ganar, ganar; que ni tu sombra se quiera atender.
Vete con el vuelo encantador. Di adiós como sabes decir.
De forma cobarde, silenciosa y mentirosa.
Yo te digo adiós, tu vuelo puedes encausar, me sigues importando.
Pero en este jardín néctar no vas a encontrar más.
De una forma intencionalmente intencionada se llega a caer.
Sin darse cuenta el néctar se llega a regalar.
El vuelo tan encantador, adormecedor es su seducción.
Un ave tan pequeña, tan mentirosamente honesta.
La idea de que es incapaz de dañar.
A pesar que la lección sobre animales heridos a sido explicada ya.
De la misma forma, una vez y otra.
Negará el hecho de haber tomado su jugo.
De haber tomado el alma.
De desconcertar la cabeza.
Una vez más ha salido victoriosa en el mano a mano.
Pareciera que, la reputación sin cuidado le tiene.
Toma el alma, destruye la cabeza y crea intimidad.
Un sentido de pertenencia la convierte en Valquiria.
Honesta cómo falsa, belleza horrible que espanta.
Experiencia en su vuelo, experta en decir adiós.
Querida y pequeña ave, tu ganaste.
Ganaste pero a mi jardín no puedes visitar.
Una vez más lograste ganar, ganar; que ni tu sombra se quiera atender.
Vete con el vuelo encantador. Di adiós como sabes decir.
De forma cobarde, silenciosa y mentirosa.
Yo te digo adiós, tu vuelo puedes encausar, me sigues importando.
Pero en este jardín néctar no vas a encontrar más.
Los cuartos luminosos
Entonces, se vio por encima de la ciudad. Sus pies descalzos, los dedos celebraban al aire entre unos y otros. Su cabeza empezaba a sentir frio. De repente, lo supe todo. Podía volar, no solo eso…podía darle dirección al vuelo.
”¿Qué es esto? ¡Qué importa si estoy volando!”
Sintió aliento para salir más allá de la atmosfera, ya tenía 66 años.
“¿Qué importa? De salud no ando bien precisamente, mis hijos se pueden valer ya por sí mismos y mi ex mujer, le tiene más cuidado al dinero que dejare, así que; vamos!”
Germán, al salir de la atmosfera….un vehículo, si. Un vehículo de una sola puerta, a un solo asiento lo esperaba; en ese momento perdió la capacidad de poder manejar su vuelo “gateador”. Al llegar a la nave, su cuerpo se amoldó poco a poco en dicho aparato, que por cierto sus ojos jamás habían podido ver.
La parecía extraño, muy raro (como si lo demás en si fuese normal, gracioso) un experto en economía de su edad, con un Novel a sus espaldas había tenido ya múltiples experiencias que la visión del mundo le llegaba hasta a quedar corta. Le parecía lo más extraño de todo, porque vestía indumentaria toda de blanca, pantalón de algodón parecía, blanco; camisa blanca.
Increíble pero cierto, fue el primer latinoamericano que abordó un vuelo comercial hacia la Luna.
Al caer en cuenta de lo que estaba viviendo, como una nueva experiencia; simplemente se dejo abrazar y la abrazó como si se tratase del último día de su vida.
En su cabeza, existían dudas. “¿Cómo es que puedo volar? ¿Por qué razón al salir de la atmosfera nada me ha sucedido?
Es cierto, todo eso y muchas cosas mas permanecían en su cabeza, un genio de la economía, sin duda. Y como todo genio, a lo nuevo por conocer hay que hacerlo viejo para poder emitir un juicio de valor.
“¡Vamos entonces, vamos a mi querida Luna!”
Entregándose a la aventura, se atrevió a tomar el timón (si es que así se le puede llamar) le dio una dirección, y presionó el botón que parecía obvio que era el que daba impulsión a la nave.
Siempre, Germán; había sentido un amor, un algo, una atracción por la luna. Le parecía enigmática, fantástica, su mirada (porque él como quien te dicta esta historia le puede ver un rostro) lo seducía. La vez que la “visitó”, Germán quedó enamorado de ella; a pesar que nunca llegó a alunizar.
Hoy, era esa oportunidad. Al acercarse, sentía que ella se alejaba más y, aun más.
“Como gato, te digo; mi princesa, no te vayas lejos de mi. Como gato que al anochecer espera tu llegada, te digo ven hacia mí. Quiero verte, sentir tu polvo, besar la cara que todas las noches veo, pero nunca a los ojos has podido tu verme. Dime, entonces ¿Por qué te vas?”
Llegado el punto alunizar, sentía la mirada pesada. Todo oscureció. De repente; una vez más lo supo. Se encontró en ese cuarto luminoso, todo blanco. Nunca la claridad le había molestado tanto como en este momento.
“Señora Santander, sé que es difícil. Pero su esposo, está haciéndole un favor a la humanidad. Sé que los anti psicóticos al día de hoy, no son los mejores y pareciera que en vez de contrarrestar la esquizofrenia la potencian. No comprendemos que sucede. Pareciera que su ex esposo, se niega a “aceptarlas” en su sistema, es por ello que no comprendo; porque el efecto que tiene es de potenciar sus alucinaciones. Dice visitar la Luna, sin nunca poderse ver. Típico de dicha enfermedad; pero hay algo que debo decirle. Todas las noches, no sabemos en donde se mete su ex esposo. Incomprensible. Créame que en nuestro centro las condiciones de seguridad son óptimas. Pero, no sabemos a dónde se va a esconder.”
Una lágrima cayó por la mejilla de Esther. No podía comprender, como ese hombre que fue un gran padre, esposo y una mente, brillante; muy brillante pasaba por esto.
Se dirigió hacia el pasillo donde Germán solía pasar las tardes en una silla de rueda, triste final para un genio de su envergadura pensó.
“Germán, amor mío. Acepta tu medicina que es por tu bien. No luches con tu enfermedad, aprende a vivir con ella y tal vez, un día puedas tu volver a casa.”
Con una mirada perdida la vio, sonrió de forma displicente y dijo. “Soy feliz, fuera de aquí no tengo vida. Tú no eres más mi esposa, yo se que hace meses un divorcio firme. Traspasos de propiedad y vehículos. ¿Qué te crees que soy idiota, ciego o imbécil? Tú decides, vete y déjame con mi felicidad. Jamás a la hora de ella me encontrarán. Ver sus ojos sin que ella me mire me hace feliz. Yo puedo volar, mi carroza espera por mí en el mismo lugar. El día que mi Luna mis ojos pueda ver llegará. Soy feliz aquí, enferma tú que vives del recuerdo; no te das cuenta el poder de la mente. La fantasía cuando la deseas, se convierte realidad. En las noches ve hacia el cielo, el viento me acaricia y la Luna me espera; mi nave soy yo. En el espacio no hay ruido que escuchar, he alcanzado la felicidad.”
Se volvió hacia su mirada perdida, nunca salió de su enfermedad dicen los doctores.
Eso sí, en las noches; nadie sabe dónde está Germán, la felicidad había sido encontrada ya.
”¿Qué es esto? ¡Qué importa si estoy volando!”
Sintió aliento para salir más allá de la atmosfera, ya tenía 66 años.
“¿Qué importa? De salud no ando bien precisamente, mis hijos se pueden valer ya por sí mismos y mi ex mujer, le tiene más cuidado al dinero que dejare, así que; vamos!”
Germán, al salir de la atmosfera….un vehículo, si. Un vehículo de una sola puerta, a un solo asiento lo esperaba; en ese momento perdió la capacidad de poder manejar su vuelo “gateador”. Al llegar a la nave, su cuerpo se amoldó poco a poco en dicho aparato, que por cierto sus ojos jamás habían podido ver.
La parecía extraño, muy raro (como si lo demás en si fuese normal, gracioso) un experto en economía de su edad, con un Novel a sus espaldas había tenido ya múltiples experiencias que la visión del mundo le llegaba hasta a quedar corta. Le parecía lo más extraño de todo, porque vestía indumentaria toda de blanca, pantalón de algodón parecía, blanco; camisa blanca.
Increíble pero cierto, fue el primer latinoamericano que abordó un vuelo comercial hacia la Luna.
Al caer en cuenta de lo que estaba viviendo, como una nueva experiencia; simplemente se dejo abrazar y la abrazó como si se tratase del último día de su vida.
En su cabeza, existían dudas. “¿Cómo es que puedo volar? ¿Por qué razón al salir de la atmosfera nada me ha sucedido?
Es cierto, todo eso y muchas cosas mas permanecían en su cabeza, un genio de la economía, sin duda. Y como todo genio, a lo nuevo por conocer hay que hacerlo viejo para poder emitir un juicio de valor.
“¡Vamos entonces, vamos a mi querida Luna!”
Entregándose a la aventura, se atrevió a tomar el timón (si es que así se le puede llamar) le dio una dirección, y presionó el botón que parecía obvio que era el que daba impulsión a la nave.
Siempre, Germán; había sentido un amor, un algo, una atracción por la luna. Le parecía enigmática, fantástica, su mirada (porque él como quien te dicta esta historia le puede ver un rostro) lo seducía. La vez que la “visitó”, Germán quedó enamorado de ella; a pesar que nunca llegó a alunizar.
Hoy, era esa oportunidad. Al acercarse, sentía que ella se alejaba más y, aun más.
“Como gato, te digo; mi princesa, no te vayas lejos de mi. Como gato que al anochecer espera tu llegada, te digo ven hacia mí. Quiero verte, sentir tu polvo, besar la cara que todas las noches veo, pero nunca a los ojos has podido tu verme. Dime, entonces ¿Por qué te vas?”
Llegado el punto alunizar, sentía la mirada pesada. Todo oscureció. De repente; una vez más lo supo. Se encontró en ese cuarto luminoso, todo blanco. Nunca la claridad le había molestado tanto como en este momento.
“Señora Santander, sé que es difícil. Pero su esposo, está haciéndole un favor a la humanidad. Sé que los anti psicóticos al día de hoy, no son los mejores y pareciera que en vez de contrarrestar la esquizofrenia la potencian. No comprendemos que sucede. Pareciera que su ex esposo, se niega a “aceptarlas” en su sistema, es por ello que no comprendo; porque el efecto que tiene es de potenciar sus alucinaciones. Dice visitar la Luna, sin nunca poderse ver. Típico de dicha enfermedad; pero hay algo que debo decirle. Todas las noches, no sabemos en donde se mete su ex esposo. Incomprensible. Créame que en nuestro centro las condiciones de seguridad son óptimas. Pero, no sabemos a dónde se va a esconder.”
Una lágrima cayó por la mejilla de Esther. No podía comprender, como ese hombre que fue un gran padre, esposo y una mente, brillante; muy brillante pasaba por esto.
Se dirigió hacia el pasillo donde Germán solía pasar las tardes en una silla de rueda, triste final para un genio de su envergadura pensó.
“Germán, amor mío. Acepta tu medicina que es por tu bien. No luches con tu enfermedad, aprende a vivir con ella y tal vez, un día puedas tu volver a casa.”
Con una mirada perdida la vio, sonrió de forma displicente y dijo. “Soy feliz, fuera de aquí no tengo vida. Tú no eres más mi esposa, yo se que hace meses un divorcio firme. Traspasos de propiedad y vehículos. ¿Qué te crees que soy idiota, ciego o imbécil? Tú decides, vete y déjame con mi felicidad. Jamás a la hora de ella me encontrarán. Ver sus ojos sin que ella me mire me hace feliz. Yo puedo volar, mi carroza espera por mí en el mismo lugar. El día que mi Luna mis ojos pueda ver llegará. Soy feliz aquí, enferma tú que vives del recuerdo; no te das cuenta el poder de la mente. La fantasía cuando la deseas, se convierte realidad. En las noches ve hacia el cielo, el viento me acaricia y la Luna me espera; mi nave soy yo. En el espacio no hay ruido que escuchar, he alcanzado la felicidad.”
Se volvió hacia su mirada perdida, nunca salió de su enfermedad dicen los doctores.
Eso sí, en las noches; nadie sabe dónde está Germán, la felicidad había sido encontrada ya.
Sin ver tú sombra
A un lado de mi razón pasaste. Se me olvidó los momentos de esclavitud por la carne. Tus ojos dejaron de ser zafiros mareantes, simplemente los ojos que un día también deje pasar.
La materia de la ética el primer lugar me hizo tomar.
Atención a lo estúpido quise dar.
No todas las cosas de la vida son las favoritas al alma.
La responsabilidad hizo que mi cabeza se limpiara.
Pasaste como una sombra a mi lado.
No te di atención.
No supe que te podía dar esa atención.
Se me olvidó el color de tus ojos.
Una desintoxicación más pronta de lo esperado.
Que te vaya bien pues Reina de la Mentira.
Vuelas como siempre.
No me doy cuenta de donde estas.
En este día tan cambiado, la atención se me olvido darte.
Al final, nada te costará otra nueva historia inventar.
Tan poco importa ya, que ni los versos son duros.
Tan poco parece importar, que mi alma en ellos no siento más.
La materia de la ética el primer lugar me hizo tomar.
Atención a lo estúpido quise dar.
No todas las cosas de la vida son las favoritas al alma.
La responsabilidad hizo que mi cabeza se limpiara.
Pasaste como una sombra a mi lado.
No te di atención.
No supe que te podía dar esa atención.
Se me olvidó el color de tus ojos.
Una desintoxicación más pronta de lo esperado.
Que te vaya bien pues Reina de la Mentira.
Vuelas como siempre.
No me doy cuenta de donde estas.
En este día tan cambiado, la atención se me olvido darte.
Al final, nada te costará otra nueva historia inventar.
Tan poco importa ya, que ni los versos son duros.
Tan poco parece importar, que mi alma en ellos no siento más.
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