jueves, 21 de julio de 2011

Sangre Pesada

Probablemente llegue a lastimar, probablemente nunca lo llegue a saber.

Sin animadversión
Sangre pesada tú tienes.
En un momento no se comprendió
Más adelante, todo encajó.


Si, es cierto.
Es pasada, fuerte y asfixiante.
Acumula fuerza y energía.
Expulsa el poder en la acción y respirar.
Todo esto es verdad.

Pero, al final.
Siempre y únicamente al final.
La sangre pesada responde.
La sangre pesada es fuego.

Fuego que abriga y no quema.
No quema; protege.
Es algo que con el tiempo se sabe.
El que con arriesgarse se aprende

Lobos

El frío es intenso; ahorca el alma.
Las miradas queman la sangre.
Esos ojos que no sienten nada.
Que perforan lo más profundo de mí.

El viento que atormenta la cabeza.
Ni los placeres del cerebro se gozan.
De una forma; no te diste cuenta.
Simplemente siempre se mantuvo al acecho.

Tiempos diferentes lo es todo.
La intención en su momento fue igual.
Esperó el momento claro para saltar dentro.
Al menos darse cuenta muerto estaba ya.

El lobo acechó; esperó y cuando menos se esperaba algo así atacó y así; una vez más me mató.

martes, 19 de julio de 2011

A mis espaldas

Sin importar el qué dirán.
Que por cierto, dirían.
Un hombre sin orgullo.
Sin valor por sí mismo.


A mis espaldas dirían.
Y no me hubiese afectado.
Te hubiese amado.
A mis espaldas hablarían.

Y no me importaría.
El amor sería más fuerte.
El amor aun es más fuerte.
Deja que hablen a mis espaldas.

Incendios

En honor a esa Zona de Ignacio, se decir que; mataría por volver arder.

Mataríamos entonces, todos por volver arder.
La normalidad no te otorga el fuego del alma.
La pasión se decide culminar con un "nunca más".

Pues bien, dile amor.
Dile amor.
Que ese alivio ya se acabo.
Dile amor.
Que el alivio no te lo doy.

Toda una antítesis de Vegas.

domingo, 17 de julio de 2011

Palabras para usted

Aquí están esas palabras. Esas palabras que su dueña es únicamente usted. Al final, lo consiguió la adoro y usted es mi perdición, mi vicio mi veneno.
No hace falta que las palabras sean eternas, esto es si así lo quiere una última llamada.
En este espacio, durante una semana las palabras permanecerán; el Domingo serán para siempre borradas; y con ellas su recuerdo.
Una última llamada es entonces, una última llamada para que mi atención este volcada en su ser. Una llamada para querer estar con quien hoy, la quiere.
De no ser así, comprenderé que no me quiere, asunto olvidado y la mejor de las vidas posibles.

¿Cómo responder a la llamada?

Pidiendo perdón, a mi corazón y alma lastimada. Reconociendo una, cada una y todas las mentiras que ha dicho; incluso aquellas que se y no las ha hecho saber.
El pasado atrás quedó, pero la confianza en una pareja se funda aceptando el pasado, sino todo es vano.

Entonces, una última llamada es. Pidiendo perdón, aceptando aquellos errores que en mi ser y mi voluntad tengo disposición a perdonar. No digo más, los errores y las mentiras son de mas ya conocidos.

Si quiere querer y ser atendida, si me quiere un poco lo hará.
Sino de verdad, sus problemas conmigo no desea compartir.
Perdón por todo aquello que pude haber hecho mal, yo la adoro.

Simplemente, hoy quiero querer que usted quiera ser querida. Errar de humanos, de sabios aceptarlos y sobre todo, rectificar.

De no ser así, gracias por el tiempo que estuvimos como lo que pudimos un día haber sido. Estas palabras si, son para usted. Nada me importa más hoy que usted.

Una última llamada es.

En ausencia

Las mismas se rehusaban a caer.
El tiempo era parte de su vida.
Sabían que en día o noche caerían.
La lluvia les marcó el camino.

No llegué a saber que así fue.
No quise aprender antes de ellas.
Con ellas, llega el adiós.
De una forma te empiezas a ir.

Esa noche de hipotermia no pude más.
Te empecé a decir adiós.
Y tú, en tu casa sin que te importe.
Y tú, tan alegre y jovial.

La vista mojada y nublada.
La música en el silencio.
Todo esto y cosas que no estaban.
Dictaron la salida en la lluvia.

Las manos heladas moradas.
El aroma a tabaco quemado.
El camino se movía.
Y mi movilidad inmovilizada quedó.

El alcohol hizo su efecto.
Te llamé una vez más.
En mi cabeza yo te llamé.
Y tú, en tu casa sin que te importase.

En otro mundo

En otro mundo su corazón yo llegué a tener.
Cibeles no quiso sonreírnos al mismo tiempo.
Te aleje y tú te acercaste.
Las palabras que la dicha no quiso conocer.

Como en su día dijo Ramón “No quedan dos puntos suspensivos…”

La quiero y ella un día dijo quererme.
Tiempos diferentes.
Tempo bastardo intempestivamente idóneo al desamor.
Finalmente nadie tuvo todo.