miércoles, 15 de junio de 2011

Al Final

Capaz de tocar lo más profundo.
Capaz de expresar el dolor.
Una tristeza que es añeja.

Al final te diste cuenta que de cartón piedra, no soy.
Al final supiste una realidad confusa.
Lo incomprensible de mi, hace la vida tenue.
Me gusta saber estar rodeado de tragedia.
La imposibilidad me hace levantar la cabeza.

Al final esas lágrimas caen.
Al final mi pecho se estremece.
Supiste su procedencia.

Una mujer que sin sombra te siguió.
Me sigue en mi cabeza.
La sigo con mi alma y mi certeza.
Te diste cuenta, tarde lo supiste.


Al final supiste que mis lágrimas no caen por ti.

Promesa

Las más difíciles de cumplir, son aquellas que a la propia alma se hacen.
Divinos pensamientos que invocan a la fuerza de la voluntad.
Diciembre es el mes clarificador de la cabeza y objetivos.

Una promesa en el me hice; no beber de labios mortales.
No saber de mujeres que desean apoderarse de mis secretos.
No lo permite, no lo permito ni lo pretendo dejar hacer.

En ese trayecto, el dolor es imposible de esquivar.
Ajeno o propio, el mismo llega y golpea.
Es el asunto entonces de las promesas.

Las promesas están para cumplirse, sobre todo al alma.
Mi promesa hoy no se rompe, no termina aquí.
Hoy puedo decir que una promesa dolor genera.

Me siento feliz de mi convicción estúpida.
Me siento que soy fiel a mi estupidez, preciosa por cierto.
Me quita el aliento, el aire y me da al mismo tiempo vida.

Hoy me soy fiel a mis palabras, no a ti.
No puedo darte mis secretos, una promesa me he hecho.

lunes, 13 de junio de 2011

Un nuevo año

Inicio de algo diferente, algo de realidad con ficción. Un nuevo inicio, un nuevo año.

“Aquí están sus resultados” le dijo la enfermera a Ignacio. A sus 27 años era apenas la primera vez que se hacía un chequeo médico. O al menos eso recordaba.
–Antes de irse pase a mi despacho- le dijo el Dr. Casanova. El asunto que el doctor le quería mencionar era que, de manera extraña en su cuerpo no existían rastros de elementos químicos como la Serotonina, conocidos por su influencia en la felicidad del ser humano.
Al salir de la clínica, Ignacio no sabía que pensar, no sabía que sentir. Según se le indicó existía un incremento en ciertos químicos en su cuerpo más aun así otros, no había rasgos.

Al entrar a su apartamento recordó, “Es hoy 2 de Mayo, una vez más hoy se cumple un año de haber conocido a la Mujer de Ojos Imposibles. Y me veo en el espejo, me duele y sé que no soy el hombre que ella merece. No valgo lo suficiente para buscarla.” Ignacio tenía 13 años soñando con una mujer que, nunca besó, nunca tuvo y lo peor; que la había visto no más de una vez cada año (si tenía suerte). Simplemente para Ignacio, era la razón de levantarse cada día y tener la osadía de ver hacia el espejo para ver, si por fin era el hombre que pudiese el mismo –en nombre de ella- aceptar.

Se recordó entonces, los resultados no habían cambiado. El doctor no pudo explicarle lo siguiente; exceso de testosterona y estrógeno, traducción que el deseo sexual era algo que no solo se daba en las mañanas. A pesar que, Ignacio era un tipo que tenía casi cinco años sin invitar a una dama a su cama. Extraño y mucho más, pensó. Siguió leyendo dopamina, serotonina y norepinefrina. Estas últimas substancias que el cuerpo humano segrega se encargan de mantener la felicidad en niveles bajos, altos o bien, nulos. Lo raro es que Ignacio se sentía feliz, feliz porque el recuerdo de la Mujer de Ojos Imposibles permanecía. No tenía trabajo (vivía de una vieja herencia), no tenia amoríos, vivía en extrema soledad salvo su gato, Lucas.
Siempre consideraba que era una especie de bastardo en su tiempo, no tenía amigos ni persona con la que en realidad mantuviese una estrecha relación. Ni quería, ni necesitaba, era feliz en su tragedia y el recuerdo de una mujer; que aspiraba a verla una vez al año. Una tragedia perfecta, un modo de vivir que Ignacio sabía lo hacía feliz. Algo que su doctor, no supo explicar.
“¿Y acaso esto evitará que siga con mi rutina?” se dijo acostado en su cama, mientras Lucas pedía incesantemente un poco de comida, el maullido más las ganas de un buen anís acompañado de un cigarro lo hizo levantarse. Para su infortunio, anís no había más. Pronto recordó que en un lugar en la zona más adinerada de la ciudad había un lugar nuevo, “Delicias Catalanas”. Refunfuñando y con ganas de un poco de aire se dispuso a salir por su anís. El atuendo el mismo, cabello bien recortado, botas vaqueras, camisa dentro del pantalón; algo que según su memoria le indicaba su padre le solía decir, “La única forma como un hombre se puede vestir.”
El lugar era perfecto, pensó. Claro salvo los mortales superficiales que lo rodeaban en un lugar que solían ir porque estaba de “moda” y era lo más elegante consumir cocina de la “Madre Patria”. –qué pena, para ser idiotas el humano acude en manada.- Dijo mientras sentía como la garganta sentía el fuerte sabor de el licor añejado.
A lo lejos divisó una figura conocida, el tiempo se detuvo. No sabía qué sentir, qué pensar, la Mujer de Ojos Imposibles estaba ahí con un tipo que era la viva estampa de lo que se le conoce alienación, ellos bebían anís. ¡Su anís! No lo toleró, se levantó; quiso salir por la puerta de atrás. Bebió de un sorbo el resto de su anís, dio un último jalón al cigarro y se puso en marcha. Lo delicado era pasar cerca de su mesa, por detrás de la Mujer de Ojos Imposibles, sin siquiera tener el valor de saludarla, hubiese sido devastador.
Al dirigirse hacia la puerta trasera sentía como perdía una batalla (¿o la guerra?); cuando de pronto sintió que algo o alguien lo sacudió hacia el baño. El golpe fue seco, apenas pudo ver cuando era arrastrado hacia un vehículo. Pasaron horas manejando y en ningún momento Ignacio se sintió inmutado, siempre esperaba con ansias la muerte, le parecía simplemente algo natural y para Ignacio que mejor que morir en un 2 de Mayo.

Fue bajado del vehículo aun en movimiento, el golpe fue aun más pasional que el primero. Lleno de polvo, bajo la lluvia de estrellas en esa montaña oscura cuando de repente algo vino a su cabeza. Conocía ese lugar, había pasado ahí antes. Se encontraba en el municipio de Mataquescuintla, justamente la montaña Miramundo. Sintió cómo un hombre alto y espigado se acercó a él a zancadas descomunales, pero sin ir a prisa. Lo tocó por el hombro y todo cambió. De repente la montaña se encontraba a sus pies. ¡Volaba, levitaba! Sueño húmedo de todo infante. Cuatro personas de la misma manera levitaban frente a él, no daba crédito.
“¿Qué sucede? ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hago aquí?”. Los gritos eran vanos, por lo menos estaba a quinientos metros encima de la tierra.
El hombre más delgado habló, “Ignacio o mejor dicho Dionisio, hijo. Hace 350 años fuiste depositado en este mundo. Hace más de dos mil años, nuestra especie le fue encomendada el cuidado de este planeta. No por sus recursos ni por sus habitantes. Es nuestra misión entender y si se puede, poner en práctica algo llamado amor. En tu camino un ser humano, fue colocado. Tu apreciación por este ser es máxima, que miedo te da concretar un encuentro ascético, conocer a ese ser y así descubrir qué es el amor. Debo decirte, que debes seguir tu misión con un poco de ayuda, no te recordarás de mí; pero al tiempo espero que por tu bondad consigas explicar, dejando a un lado la química; ¿Por qué los humanos experimentan amor? Se uno de ellos y a una de ellos amarla debes, ser uno con ella. Hoy no te explicare todo, solo te digo lo siguiente Emakume bat behar du maitasuna. Zure egingo du entregatu behar, galtzeko beldurra duzu. Berarekin joan, orain beldurra duzu, ez da bizi.”
Al tiempo que escuchó esas palabras conocidas, cayó hacia el suelo. Antes de caer se dijo “Ese idioma lo conozco, es Euskera.” El golpe fue rotundo, al caer no comprendió donde estaba, ni por que caía del cielo, ni qué era ese lugar. Dormido quedó. A la mañana siguiente, el sol azotó su rostro, vio hacia ambos lados y pensó; “Hoy es 3 de Mayo, un nuevo año. Este es mi año. Debo buscar a la Mujer de Ojos Imposibles; ese imbécil no puede estar con el amor de mi vida. Mujer de Ojos Imposibles, grito y prometo al cielo que miedo no te tengo, te amo y te voy a conquistar.”
Horas después entro al apartamento, intrépido vio hacia el espejo. Una sonrisa en su rostro lleno de tierra se dibujó; ese hombre había llegado ya.

domingo, 12 de junio de 2011

Año

Siempre al salir de mi cuarto, hablo con mi cabeza. Esas charlas van marcando la mejoría o bien, la destrucción.


Iniciamos con el nuevo recuerdo de lo viejo.
Esperanzado me siento. Este será.
Pienso contar los días que sufro, he ahí primer error.
No me acuerdo, que a ella le sigue sin importar.

“No te había visto, no eres ni de lejos El.”

Existe un rayo de luz, un momento importante.
La mentira me la doy en cuchara, me la he creído.
No hace falta el diván. Yo solo me puedo salvar.
Ahora que lo pienso, son semanas sin el espejo mirar.

“Pero, ¿quien dijo que mi olvido hará que, a ella le importe?”

Estas conversaciones mentales me sacan de mi lucidez.
Este calor no me permite pensar. De repente.
Llega lo que no quería que llegara.
El recuerdo por medios oníricos. ¡Fantástico!

“Ahora si aparece ese maldito espejo”

Una vez más necesito Alprazolam.
En un buen mes los sueños se vuelven recurrentes.
El sentido el mismo, encuentro y desencuentro.
Dolor al amanecer ni mi cabeza quiero ver.

“Quiero que este año termine ya….mi semana de cuatro días ya está aquí. Paremos un momento entre tanta tormenta, entre tanto sueño. Necesito detenerme.
El cambio es inminente. Perplejo dice Ignacio que puedo quedar.
Mientras que cada día entre mi rutina me empiezo a creer que puedo mejorar. Detengámonos un momento. Eso sí; a ella le sigue sin importar.”

Palabras Silenciosas

Escucha atento mujer. Esto a nadie se lo puedes decir. Debes por una vez en tu vida, callar la boca y atender las palabras que a tus inútiles oídos llegan. ¿Puedes hacerlo?

Entonces bien, lo siguiente te lo voy a susurrar. No quiero que el viento ose en llevarse mis palabras para que de esto una historia se pueda contar. ¿De acuerdo?

Debes saber lo siguiente; debes saber que un día me pudiste cautivar. Aplaudo tu esfuerzo, reconozco tu encanto. Además que; tus labios tienen un veneno que hipnotiza. La historia me ha hecho fuerte; no fue del todo tu encanto. No fue suficiente ese encanto que emanas hacia los hombres. No tienes todo lo que se necesita. ¿Comprendes?

Tus manos eran seductoras. En tu cintura me supe desencontrar, supiste con tus caderas llegar me a convencer que lo impensable se podría dar. Al final, pude con un poco de esfuerzo volver a mi naturalidad. Tienes esas cosas que pueden a un hombre la cabeza hacer perder, pero en nuestro trayecto nunca tuyo me reconocí. ¿Lo escuchaste bien?

Pero mujer, no te desanimes. Te sabes cómo eres, ni tu puedes creer tus palabras. Tú sabes quién eres y a cuantos quieres. Pero te digo lo siguiente; no debes decirle esto a nadie. Antes de irme, tu boca quiero.

Debes saber una cosa, que te la reconozco estando solos. Que cuando te veo sin realidad me puedes encantar. Nunca debes decir mujer; pero debes saber qué; si hubo un día que mis pies a casa no supieron regresar. Pegado a ti, viendo tus ojos, susurrando peligrosa mujer; que existió un día en que la victoria tuviste.

Si hubo un día en que tus besos llegue a extrañar.

Momentos de Olvido

Por alguna razón, no importa.
Por alguna otra, me doy cuenta.
La displicencia se hace humana.
Aísla y más ganas dan de aislar.

Aun parece tener una esperanza.
Esperanza que no radica en la sangre.
Es donde menos está.
La esperanza únicamente daño nos hace.

Al final, todo es sufrimiento.
Viniendo de todas partes.
Todo es decepción.
No debe de importarnos más.

Los momentos de Olvido no daré yo. Soy mucho más grande. Más honorable para dejar caer a alguien en ello. No soy vicioso ni estoy encadenado. Los minutos de Olvido nunca daré. Mayor insulto al ser humano no puede existir, no importas tanto; solo importas cuando no hay nada más. En realidad ; de verdad que, no importas tanto.

Familia

De lo cualitativo a lo cuantitativo.
No se aprovecha el tiempo.
Se quieren aprovechar de Él.

La sangre nada te da.
La sangre nada te deja.
Calumnia dan.
Carroñeros son.

Buscan como algo ganar.
De sus ancestros se enorgullecen.
No conocen el honor.

Mañana se van, que bueno que se van.
Solamente lo cuantitativo importa.
Si no hay valores, no hay amores.
No saben apreciar, no saben respetar.